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Beneficios de recibir la sabiduría

  • Foto del escritor: En Línea de Batalla
    En Línea de Batalla
  • 25 nov 2017
  • 2 Min. de lectura

Leemos en Proverbios 2:5–22 (Vea también 3:13–20)

Conocer a Dios y gozar de su protección (2:5–8).

El que busca la sabiduría como a un tesoro, entenderá el temor de Jehová y hallará el conocimiento divino (2:5). El Señor guarda sus veredas y preserva el camino de sus santos (2:8).

Tener discernimiento moral, que se manifestará de la manera siguiente (2:9–22):

1. Discernimiento para vivir (2:9–11). “Entonces entenderás justicia, juicio y equidad, y todo buen camino” (2:9). Todo creyente sincero quiere saber cómo aplicar la enseñanza a su vida. Dios iluminará el camino del que recibe la sabiduría a cada paso que da. Además, la sabiduría entrará en su corazón; la ciencia será grata a su alma; será guardado por la discreción, y la inteligencia le preservará (2:10–11). Lo bello de esta enseñanza es que la sabiduría actúa desde adentro de la persona y por el ejercicio de usarla, llega a ser fácil tomar decisiones correctas.

2. Protección de hombres perversos (2:12–15). Los hombres malos a que se refiere este pasaje pueden ser incrédulos o creyentes caídos. La frase “que dejan los caminos derechos” (2:13a) lleva la idea de abandonar un camino en que uno ha andado. La triste realidad es que, sin importar que sean inconversos o creyentes descarriados, la condición de su corazón es igual. Hablan perversidades, andan por sendas tenebrosas, se alegran haciendo el mal, se huelgan en las perversidades del vicio, sus veredas son torcidas y sus caminos también (2:12–15). Mientras que el que recibe la sabiduría hace lo correcto naturalmente, el que la rechaza sólo hace el mal. El énfasis de este pasaje es que Dios libra del mal camino al que recibe la sabiduría.

3. Protección de la mujer adúltera (2:16–19). En la sección 1:11–19 tomamos nota de las artimañas de los pecadores. Ese pasaje probablemente tiene en mente a hombres entregados al mal. La mujer extraña tiene sus artimañas también y algunas se describen aquí. El autor no quería que su hijo amado, pero inexperto en cuanto a la vida, cayera en su trampa. Por lo tanto, le advierte, pero a la vez le promete que la sabiduría, que ya está en su corazón, lo librará de la mujer adúltera (2:16). La mujer ajena halaga con sus palabras, abandona a su marido y olvida el pacto de su Dios. Ella va directo a la muerte, y se lleva consigo a todos los que se acerquen a ella (2:17–19).

El sabio habitará la tierra, vivirá muy bendecido en ella, y verá a los inicuos desarraigados de ella (2:20–22).


 
 
 

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