Fiel a su palabra
- En Línea de Batalla

- 18 jun 2021
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¿Qué prometes sin saber que podrás cumplir?
Somos muy emocionables, y abrimos la boca rápido y nos comprometemos con facilidad.
Nuestra emociones tienen un problema con nuestra lengua.
Fiel a su palabra
Cuando volvió Jefté a Mizpa, a su casa, su hija salió a recibirlo con panderos y danzas. Ella era sola, su hija única; fuera de ella no tenía hijo ni hija. Cuando él la vio, rasgó sus vestidos, diciendo: «¡Ay, hija mía!, en verdad que me has afligido, y tú misma has venido a ser causa de mi dolor, porque le he dado mi palabra a Jehová y no podré retractarme». Jueces 11.34–35
Jefté nos es tristemente célebre por la necedad del voto que le hizo al Señor.

Dios siempre nos habla tanto de lo malo como de bueno de cada personaje.
Buscando obtener la victoria sobre los hijos de Amón, contra los cuales estaba luchando, se comprometió a ofrecer en sacrificio al Señor lo primero que le saliera a su encuentro al regresar a casa.
En que pensó que sería,
El versículo de hoy relata el dramático momento del regreso, con su terrible desenlace para el juez.
Sin perder de vista lo necio que puede ser entrar en este tipo de acuerdos con Dios, debemos rescatar del ejemplo de Jefté un elemento importante: que era un hombre fiel a su palabra.
De estos hay pocos, que pesar a sus malas negociaciones esta dispuesto a cumplir su parte, Es valiente no se retraccta ni busca escusas, esto me recuerda un texto que dice: hombre entre mil, pero hombre verdad
Ecl 7:28 lo que aún busca mi alma, y no lo encuentra: un hombre entre mil he hallado, pero mujer entre todas éstas nunca hallé.
Pro 20:6 Muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad,
Pero hombre de verdad, ¿quién lo hallará?
No podemos leer su historia sin pensar en el salmista, que preguntaba: «Jehová, ¿quién habitará en tu Tabernáculo?, ¿quién morará en tu monte santo?»
Entre las cualidades que incluye en su respuesta, se encuentra aquella persona que, «aun jurando en perjuicio propio, no por eso cambia» (Sal 15.1, 4). ¡Cuán deseable que es esta cualidad en la vida de un líder!
Sal 15:4 Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, Pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia;
Muchas veces, en el apuro y las corridas de nuestras vidas, nos comprometemos con alguna actividad que luego trae inconvenientes a nuestra vida.
En otras ocasiones, nos traiciona el deseo de agradar a los demás y damos nuestra palabra con respecto a algo.
Sin embargo, cuando llega el momento de cumplir lo que hemos prometido, nos damos cuenta de que nos hemos metido en «camisa de once varas».
Es importante que las personas a quienes estamos guiando vean que somos íntegros en el cumplimiento de nuestra palabra.
Esto significa que, aun cuando nos hemos comprometido con una situación que nos perjudica, no damos marcha atrás.
El esfuerzo que hacemos por guardar el compromiso asumido dejará una importante lección acerca del peso que le damos a nuestras palabras, además de demostrar que valoramos profundamente a las personas con las cuales nos comprometemos.
Para pensar:
La solución a este tipo de inconvenientes no es desistir de lo que hemos pactado, sino pensar con más cuidado antes de dar nuestra palabra.
Muchas veces quedamos presos de nuestra propia prisa.
Antes de asumir un compromiso, tome un tiempo para pensar si realmente es algo que puede hacer.
Pídale a la persona que le dé un tiempo para orar antes de tomar la decisión.
Esto no solamente le evitará asumir compromisos que luego lamentará, sino que además le dará la valiosa oportunidad de acostumbrarse a no tomar decisiones solo.
¡Cada uno de nuestros pasos deberían ser tomados con la aprobación de nuestro Padre Celestial!
Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal.
Ecl 5:2 No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras.
Ecl 5:3 Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio.
Ecl 5:4 Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes.
Ecl 5:5 Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.
Ecl 5:6 No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?
Ecl 5:7 Donde abundan los sueños, también abundan las vanidades y las muchas palabras; mas tú, teme a Dios.





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