Confiados en su misericordia
- En Línea de Batalla

- 17 may 2021
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Alguna vez nos hemos preguntado cuál es la definición de:
¿La Gracia? Y diríamos posiblemente Un regalo que no merezco
Tambien ¿Qué es Justicia? Sería La aplicación de la ley a mi transgresión
Y por supuesto ¿Qué es Misericordia? Pues No aplicarme la ley que merezco a mi transgresión.
Confiados en su misericordia
Porque él dice a Moisés: tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y tendré compasión del que yo tenga compasión. Así que no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Romanos 9.15–16 (LBLA)
Este texto es parecido al de Eclesiastés
Ecl 9:11 Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos.
Uno de los elementos más atractivos que ofrecen las religiones, cuales quiera que sean, es la posibilidad de ejercer control sobre las acciones de Dios.
O sea nos gustaría aconsejar a Dios de cómo deberían ser las cosas.

Como decir, por una serie de sacrificios puedo garantizar su respuesta y asegurar que el resultado de mis esfuerzos tenga su recompensa.
El grado de sacrificio varía de religión en religión, pero todas -sin excepción- dan a entender que nuestras acciones pueden controlar a las deidades.
Esta idea, a decir verdad, es una reacción a la propuesta de Dios de que él sea absolutamente soberano en los asuntos de nuestra vida.
Notemos, por ejemplo, el fastidio de los israelitas porque Moisés tardaba en bajar del monte (Ex 32).
Como siempre, el factor tiempo es uno de los que más molesta.
Somos impacientes todo lo queremos rápido, no nos gusta esperar y tomamos atajos a nuestro antojo.
El pueblo, entonces, llegó a Aarón y le dijo: «haznos dioses que vayan delante de nosotros». En otras palabras, «queremos un dios que haga las cosas como nosotros queremos».
A nuestra manera no a la de Dios.
Sin darnos cuenta, este concepto se puede infiltrar dentro de nuestros habitos de comportamiento. Un ejemplo sencillo nos servirá de ilustración: podemos llegar a encontramos con creyentes que quieren pedirle algo especial a Dios.
Pero demora su petición, porque su vida personal no está en orden.
Entonces intentan hacer por un tiempo «buena letra» para que, eventualmente, cuando efectúen su petición, Dios los escuche con agrado. (o sea aparentamos ser buenos hasta lograr lo que buscamos)
Nuestro versículo de hoy nos recuerda, en términos que francamente nos incomodan, que Dios es absolutamente soberano. No puede ser manipulado
Sin rodeos, Pablo nos dice que el accionar de Dios no depende ni del que corre, ni del que quiere, sino del Dios que se compadece de nosotros.
Esto nos incomoda porque vivimos en un mundo donde, desde pequeños, se nos enseñó que la única manera de triunfar en la vida es controlando a los que están a nuestro alrededor.
Nuestro Dios, sin embargo, escapa a este sistema perverso.
Está más allá de nuestras maniobras.
¿Qué nos sostiene en la vida espiritual, entonces? Algo mucho más grande que la triste posibilidad de asegurar los resultados por medio de un sistema de intercambio de favores.
Nos anima el corazón una profunda convicción de que él es nuestro Padre celestial y que, como tal, buscará siempre lo mejor para sus hijos.
Estar seguro de que somos hijos es un buen elemento para empezar…..luego lo demas
Estar seguros de su amor, porque no es un amor con condiciones.
Quién le conoce, sabe que siempre estará obrando a favor nuestro.
Es esta realidad la que quiso poner Cristo de relieve ante sus discípulos, cuando les dijo: «si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?» (Mt 7.11).
Que maravilloso es saber que estamos asegurados no por nosotros y lo que hagamos sino por lo que el hizo dando a su hijo para nuestra liberación.
Para pensar:
Medite en la maravillosa verdad encerrada en esta observación de Matthew Henry: «Todas las razones por las cuales Dios es misericordioso tienen que ver con lo que él es, no con lo que nosotros somos». No tenemos más opción que postrarnos a sus pies… pero confíe en él. ¡Estámos en muy buenas manos!





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