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La medida de nuestra fortaleza

  • Foto del escritor: En Línea de Batalla
    En Línea de Batalla
  • 3 abr 2021
  • 3 Min. de lectura

Cuando las tormentas azotan, cuando algo inesperado acontece en su mayoría, la devoción y el compromiso se esfuman. En su lugar queda la pregunta tan frecuentemente escuchada en boca de cristianos en momentos de dificultad: «¿Por qué a mí?»



Quien se rinde ante un problema, no demuestra fuerza ni carácter. Proverbios 24.10 (BTLA)

La situación de crisis, que tanto busca evitar nuestra cultura hedonista, tiene un enorme valor para la persona que busca crecer en su vida espiritual. Nos permite evaluar el verdadero estado de nuestras reservas espirituales.


Todos nos sentimos fuertes y espirituales cuando la vida nos trata bien.


En estos momentos, proclamamos nuestra lealtad al Señor y afirmamos nuestro compromiso de vivir conforme a su Palabra.


Cuando la tormenta azota, sin embargo, la devoción y el compromiso se esfuman. En su lugar queda la pregunta tan frecuentemente escuchada en boca de cristianos en momentos de dificultad: «¿Por qué a mí?»


Para la persona que está interesada en ver una transformación en su vida, la condición indispensable para este proceso es tomar conciencia de las áreas que necesitan ser tratadas por el Señor.


Rom 5:3 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;

Rom 5:4 y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;

Rom 5:5 y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.


Mientras no vivamos situaciones que ponen a prueba nuestra vida, probablemente nos hagamos una idea errada de nuestra verdadera condición espiritual.


No solamente nos convenceremos de la existencia de realidades que no son, sino que tampoco seremos concientes de la verdadera naturaleza de nuestras debilidades.


La crisis le pone fin al engaño de nuestras percepciones.

Nos damos cuenta que realmente no somos lo que decíamos ser.


En la crisis tenemos la oportunidad de vernos tal cual somos.


Nuestras imperfecciones, nuestra poca madurez, nuestra falta de santidad, todo esto quedará admirablemente revelado.


Para entender este principio, piense un momento en el apóstol Pedro. En la última cena, afectado profundamente por las fuertes emociones del momento, proclamó confiadamente que daría su vida por Cristo.


Mateo 26:35 Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.



No dudaba de su devoción, ni de su compromiso. Sin embargo, cuando llegó la prueba, no alcanzó siquiera a confesar con su boca su lealtad al Mesías.

¿Cuál de los dos Pedros tenía más potencial para la obra? ¿El primero, o el segundo? El Pedro derrotado había aprendido una valiosísima lección.

No podía confiar en su propio entendimiento, ni en su propia evaluación de su pasión espiritual.


Cómo creyentes, esta verdad nos deja dos lecciones importantes.


En primer lugar, debemos ser cuidadosos en lo que proclamamos en tiempos de abundancia y bendición.

Cuando prometas recuerda el ángel esta apuntando…..


Ecl 5:1 Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal.

Ecl 5:2 No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras.

Ecl 5:3 Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio.

Ecl 5:4 Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes.

Ecl 5:5 Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.

Ecl 5:6 No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?

Ecl 5:7 Donde abundan los sueños, también abundan las vanidades y las muchas palabras; mas tú, teme a Dios.


Es fácil sentirse invencible cuando todo está a nuestro favor.


En segundo lugar, debemos apreciar más el valor de las situaciones de crisis en nuestras vidas.


Nadie disfruta de experimentarlas, pero qué buen fruto pueden dejar en nuestras vidas cuando no intentamos escondernos de ellas.

Para pensar:

Medite en la siguiente observación del reconocido consejero cristiano, Larry Crabb: «Nuestra teología cobra valor solamente cuando sobrevive a los embates del dolor.


Y la teología, que es sana nos lleva a través del dolor a una experiencia más plena de Cristo y, por lo tanto, de la esperanza, el amor y el gozo».


Y nos invita a pasar como el este momento de la mejor forma, Junto a el.

Flp 3:10 a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,



 
 
 

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